El segundo día de las jornadas de debate del COMIE, inició con la mesa “Evaluación de la profesión docente”, entre los participantes se encontraban los investigadores Mario Rueda, Ángel Díaz Barriga, Raquel Glazman, Elsie Rockwell y Lucila Parga.

La primera participación corrió a cargo del Dr. Díaz Barriga, en la cual inicia con una serie de preguntas entre las cuales sobresalen si la docencia es una profesión, una profesión de qué, si es una profesión madura o es una profesión infantil que debe ser tutelada. Y cómo se evalúan a los profesionistas,  ya que en realidad lo que tenemos que discutir, es hasta donde estamos en la antesala de un modelo de certificación profesional, algo que con el tratado del libre comercio se había prometido.

La evaluación de docentes es un movimiento global, estamos frente a un nuevo tratamiento de los docentes, pero los resultados no se pueden generalizar, además una buena práctica docente se da cuando existe una interacción concreta.

Explica que una evaluación, es una disciplina compleja, una disciplina joven en el marco de las ciencias de la educación. Como disciplina busca mejorar el proceso e incrementar los logros, pero busca elementos para poder comprender y explicar porque una cuestión está funcionando.

Evaluamos para ver que es eficaz. La meta de la evaluación es mejorar, es lograr pero no necesariamente el logro de la calidad, permite comprensión de lo educativo, entender la complejidad de los factores que lo afectan ya que el aprendizaje de cada estudiante, es el resultado de múltiples factores.

Como segunda participación en esta mesa la Dra. Raquel Glazman se pregunta, qué es lo que persiguen las evaluaciones del docente. Menciona que la calidad es una bandera de batalla, y que se necesita una concepción de calidad educativa. Se necita realizar una análisis en cuanto a la intencionalidad del maestro, sus ideologías, su ética. Las ideologías políticas giran en torno a una educación para aumentar la producción, en reforzar la educación para el trabajo, y en la certificación de competencias

Como tercera participación la Dra. Elsie Rockwell, menciona que la reforma educativa no va a elevar la calidad de la educación, ya que pone por delante una evaluación estandarizada. Y en cuanto a la propuesta de evaluación formativa, hay una serie de propuestas interesantes pero muy contradictorias con la reforma que se está imponiendo.

Asegura que todos tenemos que mejorar, cada docente es mejor cuando es si mismo no cuando calca una especia de modelo universal.

Explica que la reforma si podría lograrse si lleva una polarización del sistema educativo y una fragmentación en diferentes sectores. Y tendrá como consecuencia una reconfiguración del perfil sociocultural del magisterio.

No es fácil apreciar lo que es una buena calidad docente, concluye.

La última participación de esta mesa corre a cargo de la Dra. Lucila Parga, la cual explica que las reformas son acciones públicas,  elementos indispensables en el análisis de las políticas públicas, impulsan los cambios hacia la mejora de la educación, pero también son un mecanismo de disonancia en el sistema educativo.

La reforma educativa es un nuevo marco jurídico laboral, marca una relación entre el estado y los docentes, se establece bajo una lógica tradicional entre la cúspide del sistema.

Se ve a la evaluación como una condición para la calidad y lo que realmente debe hacer es centrarse en el carácter formativo hacia la mejora del desempeño docente y no vincularse a cuestiones laborales. Se presenta como dispositivo de control supervisión. Adquiere un sentido perverso. La reforma educativa ha de propiciar una red de experiencias,  inculcar en el profesional un carácter  de autonomía,  capaz de reflexionar sobre su práctica y los hechos escolares. Los docentes juegan un papel dual, son los responsables del fracaso educativo pero son protagonistas del éxito de las reformas.

La reforma, está condenada al fracaso porque no escucha a los docente pero si a las autoridades, porque silencia y no dialoga, porque amenaza y no debate, porque impone las reglas del juego y desconoce los supuestos compartidos de los profesores, porque reprime y no soluciona,  porque desconoce la pluralidad e impone la uniformidad porque es artificial y no real. Por eso no hay reforma, el fracaso de la política educativa ante la imposición  e incapacidad de reconocer la complejidad del problema. La calidad de la educación va más allá de los resultados estandarizados. Y lo que deberíamos cuestionarnos es ¿Reforma para la calidad o calidad para la reforma? Concluye.